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Guerras Médicas480 a. C.

Batalla de las Termópilas: la decisión que la hizo

Tres días en un paso de pocas decenas de metros, un sendero por la montaña y un consejo dividido. Esto es lo que las fuentes permiten sostener, y lo que no.

Publicado el Actualizado el Ficha de reconstrucción

Bloque de caliza con la inscripción NO FUERON 300 grabada y una punta de lanza de bronce corroído apoyada a la izquierda.

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¿Dónde estaba el paso, y por qué hoy no se puede ver?

El mar ya no está donde estaba. En 480 a. C. el golfo Maliaco entraba entre uno y ocho kilómetros más adentro que hoy, y el río lo ha ido rellenando desde entonces. Entre el agua y el monte quedaba una franja: eso eran las Termópilas, «las puertas calientes», por los manantiales.

Heródoto da las medidas. En lo más angosto, medio pletro, unos quince metros. En las dos entradas, en Alpeno y junto al arroyo Fénix, el ancho de un carro. Cuánto medía exactamente en 480 se sigue discutiendo, porque el suelo antiguo quedó sepultado bajo caliza travertínica.

Se puede ir al sitio. Lo que no se puede es ver el paso: donde estaba el mar hay hoy varios kilómetros de llanura, y la superficie sobre la que se combatió está debajo. Heródoto, además, describe la orientación al revés, con el mar al este; el terreno lo corrige y aquí se sigue al terreno.

Mapa pintado del golfo Maliaco: franja de costa en ocre, mar en gris azulado, flecha de norte y dos rótulos, COSTA ACTUAL sobre el agua y COSTA c. 480 a. C. al pie del monte.
CapaRi Base de mapa pintada con las dos costas rotuladas: la actual y la de hacia 480 a. C. Se rotulan y no se trazan: una línea dibujada sobre el borde de una mancha de pintura fingiría una precisión que no hay.

¿Cuántos griegos eran en realidad?

No trescientos. Heródoto los cuenta ciudad por ciudad (VII.202–203): trescientos espartiatas, mil de Tegea y Mantinea, ciento veinte de Orcómeno y mil del resto de Arcadia, cuatrocientos corintios, doscientos de Fliunte, ochenta de Micenas, setecientos tespios, cuatrocientos tebanos, mil focenses y todos los locrios de Opunte. Suman unos cinco mil, más los locrios, que no cifra.

Los trescientos sí están en todas las fuentes: era el número de la guardia de un rey espartano. Heródoto añade además una condición que los editores no logran cerrar: hombres que tenían hijos.

Las cifras no cuadran, y conviene decirlo en voz alta. Diodoro da otras: mil lacedemonios contando los trescientos, tres mil peloponesios, mil locrios, mil malienses, mil focenses, cuatrocientos tebanos. Y el epitafio que el propio Heródoto copia habla de cuatro mil peloponesios, que no es lo que él mismo acaba de contar. No lo explica.

Dos hojas de papel enfrentadas, encabezadas GRIEGOS y PERSAS. Bajo la primera, «unos pocos miles». La segunda está vacía.
CapaRx Las cifras de los dos bandos, enfrentadas en dos columnas. Ningún total es de las fuentes: Heródoto cuenta ciudad por ciudad y no suma.

¿Y cuántos persas?

No se sabe. Heródoto suma más de cinco millones contando el servicio; Diodoro, más de un millón. Ningún historiador acepta esas cifras, y aquí no se sustituyen por otras: no hay ninguna que se pueda sostener.

¿Por qué eran tan pocos?

Heródoto dice que era una vanguardia (VII.206): Esparta celebraba las Carneas y el resto del ejército saldría después; los demás aliados esperaban a que pasaran los Juegos Olímpicos.

Diodoro cuenta otra cosa: que Leónidas eligió llevar solo mil hombres y que dijo a los éforos que iba en nombre a guardar el paso y en realidad a morir. Son incompatibles. Qué pensaba Leónidas no lo sabe nadie, y este expediente no lo decide por él.

Una fila de hoplitas con casco y capa roja, los escudos redondos solapados y las lanzas largas caladas, entre el polvo.
MundoRi El frente es tan ancho como el paso. Por eso el número no servía para rodear, y por eso unos pocos miles podían sostenerlo.

Las tres decisiones

Elegir el paso. En el Istmo de Corinto los aliados deciden esperar allí y no en Tesalia: era más estrecho y estaba más cerca de casa, y calcularon que ni el número ni la caballería del rey servirían (VII.175–177). Del sendero de la montaña no sabían nada; se enteraron al llegar, por la gente de Traquis.

Esperar. Jerjes acampa en la llanura de Traquis y no ataca hasta el quinto día. Heródoto dice por qué: creía que se irían (VII.210). No se van.

Despedir a los aliados. Al amanecer del tercer día, con el sendero ya cruzado, se decide quién se queda. Aquí Heródoto admite que no está seguro: primero dice que unos se marcharon por su cuenta y después que fue Leónidas quien los despidió, y se inclina por lo segundo (VII.219–220). Ese es el momento del que nace todo lo demás, y es una decisión tomada con información incompleta.

¿Quién fue Efialtes, y por dónde subieron?

Un hombre de Malis, la comarca del paso, hijo de Eurídemo. Heródoto lo llama Epialtes; Efialtes es la forma con la que se le conoce en español. Fue a por una recompensa y le contó al rey que había un sendero que salía por detrás de los griegos (VII.213). Heródoto conoce otra versión, con otros dos nombres, y la descarta con un argumento comprobable: años después, cuando los griegos pusieron precio a una cabeza, fue a la suya. Diodoro no le da nombre; para él es «un traquinio».

La columna salió a la hora de encender las lámparas y marchó toda la noche por una montaña cubierta de robles. «No había viento; y se hacía mucho ruido, como era natural, con las hojas esparcidas bajo los pies» (VII.217–218). De ahí sale un razonamiento que aquí se da como razonamiento y no como hecho: si los focenses oyeron antes de ver, la columna no llevaba antorchas.

Cuántos subieron, Heródoto no lo dice. Diodoro habla de veinte mil (XI.8), Ctesias de cuarenta mil. Por dónde subieron exactamente tampoco se sabe.

Mapa de relieve pintado de la comarca: crestas y vaguadas en lavado gris, franja de costa en ocre y una línea de tinta que lo atraviesa.
CapaRi Base topográfica regional del rodeo por la montaña. Por dónde subió exactamente la columna persa sigue sin saberse.

¿Qué cuenta Diodoro que no cuenta Heródoto?

Un final distinto. En Diodoro no hay ataque persa a media mañana: hay un consejo a medianoche y una salida nocturna. Leónidas ordena desayunar deprisa, «pues cenarían en el Hades», y los griegos caen de noche sobre el campamento persa buscando la tienda del rey. No lo encuentran; los persas se matan entre sí a oscuras; al amanecer, al ver cuántos eran, los rodean.

Justino y Plutarco cuentan lo mismo, pero los tres beben de la misma fuente perdida, probablemente Éforo. Son un solo testimonio, no tres. Heródoto no menciona nada de esto, y su hora, media mañana, no deja sitio para una noche. Si Éforo lo inventó se discute desde hace un siglo, y aquí no se zanja: lo que el episodio reconstruye en imagen es la versión de Heródoto, porque es la única que se puede reconstruir.

¿Qué dijeron los que sí estuvieron?

Sobre las tumbas se grabaron unos versos poco después, y Heródoto los copia (VII.228). Es lo único escrito por gente que vivió aquello. Uno dice que contra tres millones combatieron cuatro mil venidos del Peloponeso. El otro es el famoso: «Extranjero, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos, obedientes a sus palabras.» La palabra que Heródoto escribe es «palabras»; «leyes», que es como suele citarse, es una elección de traducción posterior.

Y conviene fijarse en lo que no dicen. Ni un sendero. Ni un guía. Ni tebanos. Ni asalto nocturno. Todo lo demás lo cuentan hombres que no estuvieron allí.

¿Qué encontró la arqueología?

En 1939, en la más alta de las colinas del paso, el arqueólogo Marinatos sacó alrededor de un centenar de puntas de flecha de bronce y de hierro, y algunas puntas de lanza, de tipos del siglo quinto. Están en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Heródoto dice que los últimos defensores murieron en una colina, sepultados bajo los proyectiles (VII.225).

Eso fija que allí hubo un combate con arcos. No fija que fuera aquel día: la tipología lo hace probable y no lo prueba, y por ese paso combatieron también los galos en 279 a. C. y los romanos en 191 a. C. Cuál de las colinas era se discute desde el siglo diecinueve.

Siete hoplitas de espaldas en lo alto de una colina baja, con los escudos al hombro, mientras un enjambre de proyectiles cruza el cielo y otros quedan clavados en el suelo.
MundoRx Los últimos defensores en la colina, bajo los proyectiles. Representación expresiva: no afirma nada sobre cuántos eran ni sobre aquel día.

Del lado persa no hay una línea

Las inscripciones de Jerjes nombran a los griegos «de este lado del mar y del otro» como súbditos, pero no nombran esta campaña. Los archivos de Persépolis son cuentas de raciones. Los diarios de Babilonia callan. Sabemos lo que hicieron los persas aquí por los griegos que los combatieron, y esa asimetría no la arregla ninguna reconstrucción.

Lo que sí cuenta Heródoto es el día siguiente (VIII.24–25). Jerjes había perdido unos veinte mil hombres, según su cifra. Los hizo enterrar en zanjas cubiertas de hojas y tierra, dejó a la vista alrededor de un millar e invitó a los hombres de la flota a venir a ver cómo se combate contra quien desafía al rey. Vinieron tantos que no había barcas. Heródoto dice que nadie se dejó engañar. Ganó la batalla y escondió lo que costó.

El que volvió

En Alpeno había dos espartanos enfermos de los ojos. Uno, Eurito, pidió sus armas al saber que los persas rodeaban la montaña, se hizo llevar al combate y murió allí. El otro, Aristodemo, no fue. Volvió a Esparta y nadie le dio fuego ni le habló: le llamaron «el cobarde». Otro superviviente, Pantites, se ahorcó.

Un año después Aristodemo combatió en Platea, en la primera línea espartana, y fue con mucho el mejor a juicio de Heródoto. Los espartanos dijeron que buscaba la muerte, y no lo honraron (IX.71). Heródoto sigue su vida más allá de la batalla, y por eso se puede contar.

Un hombre sentado en el suelo contra un muro de piedra, con los ojos vendados, en un caserío de casas de piedra desierto.
MundoRi La venda es la afección de los ojos por la que lo enviaron atrás desde Alpeno: es la razón de que sobreviviera. Volvió a Esparta y nadie le dio fuego, nadie le habló, le llamaron «el cobarde». Un año después combatió en primera línea en Platea y no lo honraron.

Qué fuentes se han leído directamente, cuáles se conocen a través de otra y cuáles quedan pendientes está en la ficha de reconstrucción, junto con el registro de cada escena y las decisiones de reconstrucción. Cómo se decide todo esto, en el método. El resto de la constelación, en Guerras Médicas.

Qué se sabe y qué no

Cada afirmación lleva su respaldo y, cuando corresponde, su naturaleza, su controversia y cómo se lleva a imagen. El recuadro más grueso marca lo mejor sostenido; el discontinuo, lo que se discute; el punteado, lo más débil o lo expresivo. Qué significan estos campos.

Ver qué significa cada marca

Naturaleza: Qué tipo de cosa se afirma

H Hecho
Un hecho o un acontecimiento: «marcharon toda la noche».
N Cifra
Una cifra o una magnitud. Depende de la aritmética antigua y de la propaganda.

Respaldo: Cuánto lo sostiene la evidencia

E3 Corroboración independiente
Dos testimonios sin dependencia conocida, o un testimonio más evidencia material que identifica lo afirmado, no que meramente lo permite.
E2 Testimonio único
Una sola tradición lo cuenta, sin corroboración independiente.

Controversia: Si hay disputa

K0 Sin desacuerdo conocido
Nadie lo discute. El silencio de una fuente no es desacuerdo.
K1 Las fuentes antiguas divergen
Los relatos antiguos no cuentan lo mismo, y se cuentan las dos versiones.
K2 La historiografía lo discute
El desacuerdo está entre los estudiosos modernos.
  • Corroboración independiente

    El mar ya no está donde estaba: el golfo llegaba entonces mucho más cerca del monte, y sin esa costa el paso no se entiende.

  • Testimonio único

    El rodeo por el sendero de la montaña, la marcha nocturna de la columna persa y el último combate lo cuenta Heródoto (Historias VII.213–225).

  • Corroboración independiente

    Heródoto dice que los últimos defensores murieron en una colina bajo los proyectiles; en 1939 aparecieron en una colina del paso alrededor de un centenar de puntas de flecha. Eso fija dónde se combatió con arcos: no fija que fuera aquel día ni cuántos eran.

  • Testimonio únicoLa historiografía lo discute

    Que esas puntas correspondan al combate de 480 a. C. es el consenso mayoritario, con una reserva: por ese paso se combatió más veces.

  • CifraTestimonio único

    La cifra de la fuerza que hizo el rodeo, veinte mil hombres, la da Diodoro (XI.8) cuatro siglos después, siguiendo a un historiador perdido. Heródoto no da ninguna.

  • Testimonio únicoLas fuentes antiguas divergen

    El asalto nocturno al campamento persa lo cuenta Diodoro y no Heródoto: se trata como tradición divergente, no como hecho.

Lo que no sabemos

  • Cuántos hombres formaban la fuerza del rodeo.
  • Qué pensó Leónidas al despedir a los aliados.
  • Los motivos de Efialtes más allá de la recompensa que cita Heródoto.
  • Cómo acabó la última mañana: hay dos finales, y solo el de Heródoto se puede reconstruir.
  • Cómo vivió la batalla el bando persa: no dejó relato del combate, solo administración.
  • Dónde estaban exactamente los accidentes del paso que describe Heródoto: la actualización geológica sostiene que el terreno quedó sepultado bajo caliza travertínica (Rapp, en Matthew y Trundle 2013, pendiente de lectura directa).

Fuentes

Leídas directamente

  • Heródoto, Historias VII.175–239; VIII.24–25; IX.71. Consultar Traducción de A. D. Godley (Loeb, dominio público) en Perseus.
  • Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso V.70. La marcha lacedemonia al son del aulos en Mantinea, 418 a. C.; se usa por analogía para la reconstrucción sonora.
  • Stafford, E., «The Curse of 300? Popular Culture and Teaching the Spartans», Journal of Classics Teaching 17 (2016). Recepción de Esparta y de la película; no es fuente del acontecimiento.

Conocidas a través de otra fuente

  • Diodoro Sículo, Biblioteca histórica XI.4–11. Consultar Conocido a través de Flower (1998) y de bibliografía secundaria. La traducción de C. H. Oldfather (Loeb, 1946, dominio público) está localizada en LacusCurtius; la lectura directa del pasaje es requisito para cerrar la primera puerta.
  • Marinatos, S., publicaciones sobre el hallazgo de la colina de Kolonos (1939). Citadas a través de bibliografía secundaria; pendientes de lectura directa. Las puntas de flecha se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
  • Kraft, J. C., Rapp, G., Szemler, G. J., Tziavos, C. y Kase, E. W., «The Pass at Thermopylae, Greece», Journal of Field Archaeology 14/2 (1987), pp. 181–198. Consultar La anchura del paso se conoce por referencias a este artículo; dato de acceso indirecto hasta leerlo. La paginación correcta es 181–198: circula una cita que la da como 187–195.

Ver la ficha de reconstrucción completa

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